Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Apenas los jurados se recobraron del susto y recuperaron sus lápices y pizarras, se pusieron a redactar febrilmente la historia del accidente; todos menos la Lagartija, que parecÃa demasiado trastornada para hacer otra cosa que estar sentada con la boca abierta y la vista fija en el techo de la sala.
—¿Qué sabes de este asunto? —preguntó el Rey a Alicia.
—Nada —dijo Alicia.
—¿Absolutamente nada? —insistió el Rey.
—Absolutamente nada —dijo Alicia.
—Esto es importante —dijo el Rey, volviéndose hacia los jurados. Y apenas empezaban estos a anotarlo en sus pizarras, cuando el Conejo Blanco interrumpió con voz respetuosa pero frunciendo el ceño y haciendo continuos gestos al Rey mientras hablaba:
—No es importante, querrá decir sin duda Su Majestad.
—No es importante, quise decir, naturalmente —se apresuró a repetir el Rey y continuó para sÃ, en voz baja—: importante…, no importante…, no importante…, importante —como si probara qué expresión le sonaba mejor.
Una parte del jurado escribió «importante», y la otra, «no importante». Alicia pudo verlo porque estaba bastante cerca para mirar en sus pizarras, «pero la cosa no tiene ni pizca de importancia», pensó.