Alicia en el PaĂs de las Maravillas
Alicia en el PaĂs de las Maravillas En ese momento el Rey, que por un rato habĂa estado escribiendo en su cuaderno de notas, gritĂł:
—¡Silencio! —Y leyĂł lo que habĂa escrito—: «ArtĂculo cuarenta y dos: Toda persona que mida más de un kilĂłmetro y medio deberá abandonar la sala.»
Todos miraron a Alicia.
—Yo no mido un kilómetro y medio —dijo Alicia.
—Como mĂnimo —afirmĂł el Rey.
—Más de dos kilómetros —añadió la Reina.
—Bueno, de todos modos, no me irĂ© —dijo Alicia—. Además, este artĂculo no vale: se lo acaba de inventar usted.
—Es el artĂculo más antiguo del cĂłdigo —dijo el Rey.
—Si lo fuera, serĂa el nĂşmero uno —dijo Alicia.
El Rey se puso pálido y cerró enseguida su cuaderno.
—Considerad vuestro veredicto —dijo a los jurados, en voz baja y temblorosa.
—Hay todavĂa más pruebas, con la venia de Su Majestad —dijo el Conejo Blanco, levantándose de un salto—: acabamos de interceptar este escrito.
—¿Qué contiene? —preguntó la Reina.
—TodavĂa no lo he abierto —dijo el Conejo Blanco—, pero parece una carta, escrita por el prisionero a…, a alguien.