Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas 
Una cosa es cierta, y es que el gatito blanco no había tenido nada que ver con esto: toda la culpa era del gatito negro. Durante el último cuarto de hora, el minino blanco había sido objeto por parte de la vieja gata de un aseo en regla (que, dentro de lo que cabe, había soportado bastante bien); así es que queda claro que no pudo tener arte ni parte en el desastre.