Alicia en el País de las Maravillas

Alicia en el País de las Maravillas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El modo como Dina lavaba a sus crías era el siguiente: primero sujetaba en el suelo al pobre animalito por la oreja con una pata; luego, con la otra, le refregaba toda la cara en sentido inverso, empezando por la nariz. Pues bien, en aquel justo momento, como ya he dicho, estaba metida en su dura labor con el minino blanco, el cual permanecía en actitud muy sumisa y hasta intentaba ronronear, sin duda pensando que todo era por su bien.

Con el otro, el negro, Dina había terminado a primera hora de la tarde, y así, mientras Alicia se hallaba semidormida y cavilando, bien acurrucada en el sillón grande, el minino se había puesto a retozar todo el rato con el ovillo de lana que Alicia había intentado devanar. El gatito había hecho rodar arriba y abajo su pelota, hasta deshacerla por completo, y la lana, extendida por la alfombrilla de la chimenea, estaba llena de nudos y marañas, con el gatito en medio, correteando tras su propio rabo.

—¡Ay, pero qué mala, qué mala es esta criatura! —exclamó Alicia agarrando al animalito y dándole un beso, como si le diera a entender que había caído en desgracia—. ¡Realmente Dina debería enseñarles mejores modales! ¡Sí, Dina, sí, habrías debido inculcárselos! —prosiguió, lanzando una mirada de reproche a la vieja gata, con la voz más indignada que pudo, y seguidamente, llevándose al gatito y la lana, volvió a arrellanarse en su sillón y se puso a rehacer el ovillo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker