Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Este salón está algo más desordenado que el otro —pensó Alicia, al ver caÃdas entre las cenizas varias piezas de ajedrez; pero un instante después, con un leve «¡oh!» de sorpresa, estaba a gatas contemplándolas. ¡De dos en dos, las piezas deambulaban!
—Mira, el Rey Rojo y la Reina Roja —dijo en voz bajita (no fuera a asustarlos) Alicia— y el Rey Blanco y la Reina Blanca, sentados sobre el filo de pala…, y más allá van del brazo dos Torres… No creo que puedan oÃrme —añadió, bajando un poco más la cabeza—, y estoy casi segura de que no pueden verme. Mi impresión es la de ser invisible.
Entonces, algo que estaba sobre la mesa, detrás de Alicia, empezó a chillar, y ella volvió la cabeza en el momento justo en que uno de los peones blancos rodaba y se ponÃa a patear. Alicia lo observó con gran curiosidad por ver en qué paraba todo aquello.