Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Se puso luego a mirar a su alrededor y advirtió que lo que podía ver del viejo cuarto era bastante banal, sin interés, y en cambio todo lo demás era bien extraño. Por ejemplo, los cuadros que estaban a uno y otro lado de la chimenea parecían pletóricos de vida, y hasta el reloj de la repisa (en el espejo, naturalmente, solo puede verse la parte de atrás) adoptaba la cara de un viejecito que la sonreía.
