Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas 
—¡Es la voz de mi niña! —gritó la Reina Blanca, dando con la alarma y la prisa tal empujón al Rey que lo lanzó contra la ceniza—. ¡Mi precioso Lirio! ¡Mi imperial gatita! —Y empezó a trepar alborotadamente por el guardafuegos.
—¡Imperial tonterÃa! —dijo el Rey frotándose la nariz que, al caer, se le habÃa lastimado. TenÃa motivos para estar algo enojado con la Reina, pues el pobre estaba de pies a cabeza cubierto de cenizas.