Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Era cenora y los flexosos tovos
en los relonces giroscopiaban, perfibraban.
MÃsvolos vagaban los borogovos
y los verdirranos extrarrantes gruchisflaban.
—Parece muy bonito —dijo Alicia al terminar su lectura—, ¡aunque de comprensión un poco difÃcil! —(es evidente que no querÃa, ni siquiera para sus adentros, confesar que no habÃa entendido absolutamente nada)—. Mi impresión es de algo que me llena la cabeza de ideas…, ¡solo que no sé exactamente qué ideas! Sin embargo, alguien mató algo, lo que sea: esto está bien claro, al menos…
»Pero, ¡ay! —exclamó Alicia, poniéndose en pie de un salto—, ¡si no me doy prisa, tendré que volverme y cruzar el espejo sin haber visto el resto de la casa! ¡Echemos primero un vistazo al jardÃn!