Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —VerÃa mucho mejor el jardÃn —se dijo Alicia— desde lo alto de aquella colina. Aquà hay un camino que va a ella directo… No —(rectificó tras andar unos metros y seguir una reviravuelta)—, este camino no conduce allá arriba, aunque supongo que al final sÃ. ¡Pero cuántas reviravueltas! ¡Esto, más que un camino, parece un sacacorchos! Bueno, supongo que esta curva me llevará a la colina. ¡No, tampoco! ¡Va derecho de vuelta a la casa! Bueno, voy a probar en la otra dirección.
Y asà lo hizo: de un lado a otro, arriba y abajo, fue probando una a una todas las curvas, para volver al final siempre a la casa. Incluso una vez, al doblar una curva con mayor rapidez que de ordinario, se dio contra el muro, sin que antes pudiera detenerse.
—Es inútil insistir —dijo Alicia, mirando a la casa, como si discutiera con ella—. ¿Regresar ahora? Ni hablar. TendrÃa que cruzar otra vez el espejo…, volver al viejo cuarto de siempre… y todas mis aventuras, ¿qué…?, ¡se acabarÃan!