Alicia en el PaĂ­s de las Maravillas

Alicia en el PaĂ­s de las Maravillas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Nuestras reglas de urbanidad no nos permiten, ya sabes, intervenir las primeras —dijo la Rosa— y me preguntaba cuándo empezarías tú. Me decía: «Su aspecto es de persona más bien sensata, aunque no muy inteligente». De todas formas, tienes el color que más te corresponde y eso es lo importante.

—¡Qué me importa a mí su color! —observó la Tigridia—. Si tuviera los pétalos algo más ondulados, sería perfecta.

Alicia, un poco harta de estas crĂ­ticas, se puso a hacer preguntas:

—¿No os da miedo a veces estar aquí plantadas sin nadie que os proteja?

—Hay un árbol en el medio —dijo la Rosa—. ¿Para qué está ahí si no?

—Pero ¿qué puede hacer un árbol en caso de peligro?

—En su caso, dar como fruto castañas —dijo la Rosa.

—Sí, reparte castañas a boleo —dijo una Margarita—. ¡Por eso lo llaman castaño!

—¿No sabías tú eso? —exclamó otra Margarita. Y todas se pusieron a chillar a la vez, hasta el punto de que el aire se pobló de vocecitas agudas.

—¡A callar todas! —gritó la Tigridia, meciéndose apasionadamente de un lado a otro y temblando de cólera—. ¡Porque saben que no puedo atraparlas! —exclamó jadeante, inclinando hacia Alicia su temblorosa cabeza—, ¡de lo contrario, no se atreverían!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker