Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas 
—Claro que podemos —dijo la Tigridia—, siempre que haya un interlocutor digno.
La respuesta dejó a Alicia tan estupefacta que durante un minuto se quedó sin palabras y, aparentemente, sin aliento. Al final, y como la Tigridia seguÃa obstinadamente meciéndose, le habló otra vez, con voz tÃmida, casi en un susurro:
—¿Y todas las flores pueden hablar?
—Tan bien como tú —dijo la Tigridia—. Y mucho más alto.