Alicia en el PaĂs de las Maravillas
Alicia en el PaĂs de las Maravillas Y asĂ, bien cogiditos de la mano, los dos se internaron en el bosque, para volver, al cabo de un minuto, cargados de cosas diversas, como cojines, mantas, alfombrillas, manteles, tapaderas y cubos de carbĂłn.
—Espero que seas hábil con los alfileres y el cordel —observó Tweedledum—. Pues, de una forma u otra…, todas estas cosas han de estar bien ajustadas.
Más tarde, Alicia declararĂa que en su vida se habĂa visto metida en tales lĂos por tan poca cosa. ¡QuĂ© cantidad de accesorios se pusieron encima y cuánto trabajo le dieron de atar cuerdas y coser botones…! «Realmente, cuando estĂ©n listos, más que nada van a parecer dos fardos de ropa vieja», se dijo Alicia mientras ajustaba un cojĂn al cuello de Tweedledee, «Para impedir —segĂşn este puntualizó— que el otro me corte la cabeza».