Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Pero el huevo no hacÃa sino crecer y crecer y adoptar una forma cada vez más humana. Alicia, al aproximarse, vio que tenÃa ojos, nariz y boca; y cuando estuvo aún más cerca, vio claramente que se trataba de HUMPTY DUMPTY en persona. «¡No puede ser más que él! —se dijo—, ¡tan segura estoy como si pudiera leer su nombre grabado en plena cara!»
Cualquiera, fácilmente, habrÃa podido escribirlo cien veces en una cara tan enorme. Humpty Dumpty estaba sentado a la turca, con las piernas cruzadas, sobre lo alto de un muro —un muro tan estrecho que Alicia se preguntaba cómo diablos podÃa mantener el equilibrio—; y tenÃa fijos los ojos en dirección contraria a Alicia, sin prestarle la menor atención, por lo que ella pensó si no serÃa una figura disecada.
—¡Es exactamente igual que un huevo! —dijo en voz alta, al tiempo que extendÃa las manos para cogerlo, segura de que iba a caer de un momento a otro.
—Es muy fastidioso que a uno lo llamen huevo —dijo Humpty Dumpty tras un largo silencio y sin mirar a Alicia—, ¡muy fastidioso!