Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Señor, yo no dije que fuera un huevo, sino que era igual que un huevo —le explicó amablemente Alicia—. Y hay huevos preciosos, ¿no es verdad? —agregó, tratando asà que su anterior observación pasara por una suerte de cumplido.
—¡Hay gente —dijo Humpty Dumpty, como siempre apartando de ella la mirada— que no tiene más sentido común que un recién nacido!
Alicia no sabÃa qué contestar. Propiamente, no se podÃa llamar a esto conversación, pensó, pues nunca se dirigÃa a ella, y de hecho, su último comentario iba evidentemente dirigido a un árbol… Asà que, sin moverse, se puso a recitar muy bajito:
Humpty Dumpty en un muro se sentó,
Humpty Dumpty de espaldas se cayó.
Los hombres y caballos del monarca
sobre el muro no pudieron reponer al rechoncho patriarca.
—En este poema, el verso final es demasiado largo —observó casi en voz alta, olvidándose de que Humpty Dumpty podÃa oÃrla.
—A ver si dejas de musitar todo el rato —dijo Humpty Dumpty, mirándola por vez primera—, pero dime tu nombre y el asunto que te trae.
—Mi nombre es Alicia, pero…