Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Bueno, gruchisflar está entre gruñir y silbar con una especie de estornudo en el medio: quizá algún dÃa lo oigas por ahÃ, en el bosque… y cuando lo hayas oÃdo… ¡tendrás más que de sobra! Pero ¿quién te ha recitado todos estos versos tan difÃciles?
—Los leà en un libro —dijo Alicia—. Pero alguien…, creo que fue Tweedledee…, me ha recitado versos mucho más fáciles que estos.
—Por lo que a versos se refiere —exclamó Humpty Dumpty levantando una de sus manos—, ya sabes: yo puedo recitar tanto o mejor que cualquiera, si viene al caso…
—Bien, pero aunque venga, no es preciso hacer caso… —le atajó Alicia, para que no se lanzara a declamar.
—El poema que voy a recitar —prosiguió sin reparar en la respuesta de la niña— fue escrito enteramente para tu deleite y entretenimiento.
Alicia comprendió que no habÃa más remedio que escucharlo; asà que se sentó y le dio resignadamente las gracias.
Cuando blancos están los campos en invierno
te canto esta canción para tu gozo interno.
—… solo que, propiamente, no la canto —comentó.
—Ya lo veo —dijo Alicia.