Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Me temo que no lo entiendo muy bien —dijo Alicia.
—Lo que sigue es más fácil —repuso Humpty Dumpty.
Les envié enseguida una nueva misiva:
«No me deis nunca más otra nueva evasiva.»
Los peces contestaron no sin cierta ironÃa:
«¡Qué genio! Controlad vuestro arranque de ira.»
Los previne una vez, los previne dos veces:
¡a escucharme se niegan los desdichados peces!
Me agencié en la cocina la olla más contundente,
que juzgué para el caso como más convincente.
Tac-tac da el corazón: todo castigo es poco.
Llené la gran caldera: el pulso me iba loco.
Mas alguien vino a verme: ¡cuánto llanto derrama
por los peces enfermos que yacen en la cama!
Le dije claramente, le dije con franqueza:
«Pues vas y los despiertas con vigor y firmeza.»
Mi voz era tan recia que parecÃa un rugido:
se lo dije furioso, se lo grité al oÃdo.