Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas El Ratón sólo respondió con un gruñido, mientras seguía alejándose.
—¡Vuelve, por favor, y termina tu historia! —gritó Alicia tras él.
Y los otros animales se unieron a ella y gritaron a coro:
—¡Sí, vuelve, por favor!
Pero el Ratón movió impaciente la cabeza y apresuró el paso.
—¡Qué lástima que no se haya querido quedar! —suspiró el Loro, cuando el Ratón se hubo perdido de vista.
Y una vieja Cangreja aprovechó la ocasión para decirle a su hija:
—¡Ah, cariño! ¡Que te sirva de lección para no dejarte arrastrar nunca por tu mal genio!
—¡Calla esa boca, mamá! —protestó con aspereza la Cangrejita—. ¡Eres capaz de acabar con la paciencia de una ostra!
—¡Ojalá estuviera aquí Dina con nosotros! —dijo Alicia en voz alta, pero sin dirigirse a nadie en particular—. ¡Ella sí que nos traería al Ratón en un santiamén!
—¡Y quién es Dina, si se me permite la pregunta? —quiso saber el Loro.
Alicia contestó con entusiasmo, porque siempre estaba dispuesta a hablar de su amiga favorita: