Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Dina es nuestra gata. ¡Y no podéis imaginar lo lista que es para cazar ratones! ¡Una maravilla! ¡Y me gustarÃa que la vierais correr tras los pájaros!
¡Se zampa un pajarito en un abrir y cerrar de ojos!
Estas palabras causaron una impresión terrible entre los animales que la rodeaban. Algunos pájaros se apresuraron a levantar el vuelo. Una vieja urraca se acurrucó bien entre sus plumas, mientras murmuraba: «No tengo más remedio que irme a casa; el frÃo de la noche no le sienta bien a mi garganta». Y un canario reunió a todos sus pequeños, mientras les decÃa con una vocecilla temblorosa: «¡Vamos, queridos! ¡Es hora de que estéis todos en la cama!» Y asÃ, con distintos pretextos, todos se fueron de allÃ, y en unos segundos Alicia se encontró completamente sola.
—¡Ojalá no hubiera hablado de Dina! —se dijo en tono melancólico—. ¡Aquà abajo, mi gata no parece gustarle a nadie, y sin embargo estoy bien segura de que es la mejor gata del mundo! ¡Ay, mi Dina, mi querida Dina! ¡Me pregunto si volveré a verte alguna vez!
Y la pobre Alicia se echó a llorar de nuevo, porque se sentÃa muy sola y muy deprimida. Al poco rato, sin embargo, volvió a oÃr un ruidito de pisadas a lo lejos y levantó la vista esperanzada, pensando que a lo mejor el Ratón habÃa cambiado de idea y volvÃa atrás para terminar su historia.