Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas me llama «¡Cerdo!» y me silba.
¿Y a que no sabes por qué?
Por mi peluca amarilla.
—¡Cuánto lo siento! —dijo sinceramente Alicia—. Pero creo que si le ajustara algo mejor, no se mofarÃan de su peluca.
—La tuya te va perfecta —murmuró la Avispa con una mirada de admiración—. Se ve que se amolda bien a tu cabeza. En cambio tus mandÃbulas están mal formadas… ¿A que no puedes morder bien?
Alicia iba a soltar la risa pero se contuvo como pudo, tosiendo. Al fin logró decir, muy seria:
—Puedo morder todo lo que se me antoja.
—No con una boquita tan pequeña —insistió la Avispa—. Si tuvieras que pelearte, dime… ¿serÃas capaz de atrapar por la nuca a la otra persona?
—Me temo que no.
—Bueno, pues es precisamente porque tus mandÃbulas son demasiado chicas —prosiguió la Avispa—; pero en cambio es bonita y redonda tu coronilla. —Al decir esto, se sacó la peluca y tendió una pata a Alicia, como deseando repetir con ella la misma historia; pero la muchacha se mantuvo a prudente distancia y no se dio por aludida. La Avispa continuó con sus crÃticas.