Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas »Si es un arte difícil de por sí el navegar
con una sola nave y una sola campana,
¿cómo —agregó—, aunque quiera, me atrevería a afrontar
el riesgo de una empresa que es doblemente vana?».
«Mejor será que compre el Castor una malla,
en algún mercadillo, a prueba de cuchillos
—opinó el Panadero—, y luego que se haga
un seguro de vida, por daños y perjuicios.»
Y el Banquero propuso, a razonable precio,
alquilarle o venderle (lo dejaba a su arbitrio)
dos excelentes pólizas: una es contra Incendios,
contra daños la otra de un posible Pedrisco.
Sin embargo, a partir de aquella fecha aciaga,
siempre que el Carnicero pasaba por cubierta,
el Castor procuraba desviar la mirada:
inequívocas muestras de sus muchas reservas.