Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Hubo que reanimarlo con molletes, con hielo,
hubo que reanimarlo con berro y con mostaza,
o fue con mermelada, con juiciosos consejos,
y aún más: le propusieron alguna adivinanza.
Cuando al fin se sentó y recobró la palabra,
se dispuso a contar su lamentable historia.
Ordenó el Capitán: «¡Que no oiga ni una mosca!»
y, muy sobreexcitado, agitó la campana.
Gran silencio. Ni un grito, ni un chillido se oyó,
algún gemido apenas, algún que otro lamento,
cuando el llamado «¡Eh!» desembuchó su cuento
con antediluviana y miserable voz.
«Eran mi padre y madre honestos aunque pobres…»
«¡Sáltate todo eso! —exclamó el Capitán—:
No hay tiempo que perder. ¡Si se hace de noche,
nadie en la oscuridad podrá ver al Snark!»