Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas pues tres veces lo he dicho, ni una más ni una menos».
El Castor fue contando con extremo cuidado,
atento y sin perderse ni siquiera una sílaba;
mas gruchisfló, rendido y descorazonado,
al oír por tres veces la frase susodicha.
Comprendió que a pesar de sus muchos esfuerzos
no había conseguido sino perder la cuenta
y que no cabía más que exprimirse los sesos
y volver a hacer cálculos por vía mnemotécnica.
«Si a dos añado uno… ¡si es que acierto a contar
al menos con la ayuda del pulgar y los dedos!»,
sollozó al recordar que en sus años primeros
había descuidado la tabla de sumar.
«Eso bien puede hacerse —exclamó el Carnicero—.
Ha de hacerse, repito, de eso estoy muy seguro.
¡Va a hacerse! Tráeme ahora papel, pluma, tintero
del mejor, y saldremos, al fin, de tanto apuro.»
El Castor, apremiado, trajo papel y tinta,
más plumas y carpetas (una gran provisión).