Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Extrañas criaturas dejaron sus guaridas:
testigos asombrados de aquella operación.
Absorto el Carnicero, que escribía con una
pluma en cada mano, ni les prestó atención;
y usaba al expresarse una prosa tan burda
que hasta el necio Castor, sin querer, la entendió.
«Si partimos de tres para nuestro argumento
(cifra muy conveniente y fácil de recordar),
tras añadirle siete y diez multipliquemos
luego por un millar menos ocho el total.
»Si ese producto, atiende, dividimos por nueve
centenares más dos, y de tal cantidad
restamos diecisiete, el resultado debe
exactamente ser el número cabal.
»Explicarte podría, con gran placer, el método,
ahora que tan presente está dentro de mí,
pero no tengo tiempo, ni tú tienes cerebro,
y además aún nos queda mucho por discutir.
»En un segundo he visto lo que por mucho tiempo