Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Con cuidado y dedales lo buscan; lo persiguen
con no poca esperanza y más de un tenedor;
lo amagan con acciones de los ferrocarriles;
lo hechizan finalmente con sonrisa y jabón.
Mas harto el Abogado de probar sin fortuna
que el Castor delinquía al tejer su bordado,
se durmió, y en sus sueños surgió la criatura
que persistentemente su mente había ocupado.
Vio en sueños que asistía a un Tribunal incierto,
donde un Snark con toga, monóculo, golilla
y peluca tomaba la defensa de un cerdo,
acusado del cargo de huir de su pocilga.
Lo probaron Testigos, sin error ni defecto:
nadie había en la pocilga al levantar el acta.
Mas el Juez repetía la ley y sus preceptos
con una voz monótona, muy lisa y subterránea.