Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Saltó, forcejeó, brincó, se debatió
hasta caer al fin desvanecido en tierra;
ferozmente, entretanto, por todo alrededor,
crujían las mandíbulas huméricas sin tregua.
Acudieron los otros al grito de agonía
y el feroz Bandersnatch de repente huyó.
Observó el Capitán: «¡Es lo que me temía!»,
y con gesto solemne la campana tocó.
La cara tenía negra y apenas ofrecía
la menor semejanza con su aspecto anterior,
y el chaleco, del pánico, muy blanco parecía:
¡fenómeno increíble, digno de admiración!
Ante el horror de quienes lo vieran aquel día
se irguió todo vestido de un impecable frac,
y por medio de muecas estúpidas decía
lo que su lengua entonces se negaba a expresar.
Se desplomó en la silla, el pelo se mesaba
y se puso a cantar los más mísvolos versos,
de cuya inanidad era causa la insania,