Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Donó a los otros lo mejor de sÃ:
se guardó lo peor, dio lo mejor.
Me he desviado algo del tema, lo sé. Sin embargo, concededme un minuto más para que os cuente de propia experiencia un pequeño incidente. Paseaba solo por la falda de una colina un espléndido dÃa de verano, cuando de pronto se me pasó por la cabeza un verso aislado: «Porque el Snark —sabéis— no era más que un Bujum». DesconocÃa entonces su sentido; pero lo anoté, y algo después, se me ocurrió el resto de la estrofa, cuyo final era aquel verso. Y asÃ, a ratos perdidos, en el curso del año o de los dos años siguientes, se fue completando trozo a trozo el resto del poema, cerrado por aquella estrofa. Y desde entonces he recibido periódicamente corteses cartas de lectores desconocidos que quieren saber si La caza del Snark es una alegorÃa, o contiene algún oculto sentido moral, o es una sátira polÃtica: y a todas estas preguntas no puedo dar sino una respuesta: «¡No sé!». Y ahora, sin más divagaciones, vuelvo a mi texto.