Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¿Es eso todo? —preguntó Alicia, tragándose la rabia lo mejor que pudo.
—No —dijo la Oruga.
Alicia decidió que serÃa mejor esperar, ya que no tenÃa otra cosa que hacer, y ver si la Oruga decÃa por fin algo que mereciera la pena. Durante unos minutos la Oruga siguió fumando sin decir palabra, pero después abrió los brazos, volvió a sacarse la pipa de la boca y dijo:
—Asà que tú crees haber cambiado, ¿no?
—Mucho me temo que sÃ, señora. No me acuerdo de cosas que antes sabÃa muy bien, y no pasan diez minutos sin que cambie de tamaño.
—¿No te acuerdas ¿de qué cosas?
—Bueno, intenté recitar los versos de "Ved cómo la industriosa abeja… pero todo me salió distinto, completamente distinto y seguà hablando de cocodrilos".
—Pues bien, haremos una cosa.
—¿Qué?
—RecÃtame eso de "Ha envejecido, Padre Guillermo…" —ordenó la Oruga.
Alicia cruzó los brazos y empezó a recitar el poema:
"Ha envejecido, Padre Guillermo", dijo el chico,
"Y su pelo está lleno de canas;
Sin embargo siempre hace el pino: