Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Cierto, su señorÃa, pero a pesar de todo es un brazo.
—Lo será, pero no es ese su lugar. ¡Anda, quÃtalo de en medio!
Hubo un largo silencio y Alicia solo pudo oÃr de vez en cuando un cuchicheo; frases como: «Cierto, su señorÃa, no me gusta nada, ¡nada en absoluto!». «¡Haz lo que te digo, cobarde!», hasta que Alicia extendió otra vez la mano, con nuevo ademán de atrapar algo al vuelo. Esta vez hubo dos breves chillidos y más ruido de vidrios rotos. «¡Qué cantidad de invernáculos debe de haber! —pensó Alicia—. Me pregunto qué irán a hacer ahora. Si tratan de sacarme por la ventana, ¡ojalá lo consigan! ¡Lo cierto es que estoy harta de estar aquà dentro encerrada!»