Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Aguardó un rato sin oÃr nada. Por fin, escuchó el traqueteo de las ruedas de un carrito y el sonido de muchas voces que hablaban al unÃsono. Captó algunas frases: «¿Dónde está la otra escalera…? ¡Eh!, yo solo tenÃa que traer una; la otra la tiene Bill… ¡Bill! ¡Tráela aquÃ, chico…! AquÃ, ponedlas en el rincón… No, atadlas primero… No alcanzan aún ni a la mitad… ¡Qué exagerado! Es más que suficiente… ¡AquÃ, Bill! Agárrate fuerte a la cuerda… ¿Lo aguantará el tejado…? ¡Ojo la teja suelta…! ¡Que se cae! ¡Cuerpo a tierra! —(Gran estrépito)—… ¡Eh!, ¿quién hizo eso…? Fue Bill, me imagino… ¿Quién va a bajar por la chimenea…? ¡Yo, ni soñando! ¡Hazlo Tú…! Eso, ¡no cuentes conmigo…! Bill bajará… ¡Ven, Bill! ¡El amo dice que bajes por la chimenea!».
«¡Oh! ¿Asà que es Bill quien va a bajar por la chimenea? —se dijo Alicia—. ¡Vaya, parece que todo se lo cargan a Bill! ¡Por nada del mundo quisiera estar en su pellejo! La chimenea seguro que es estrecha, pero espero aún poder dar alguna que otra patada…»