Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Mientras decÃa estas palabras, llegó a un claro del bosque, donde se alzaba una casita de poco más de un metro de altura.
—Sea quien sea el que viva allà —pensó Alicia—, no puedo presentarme con este tamaño. ¡Se morirÃan del susto!
Asà pues, empezó a mordisquear una vez más el pedacito de la mano derecha, Y no se atrevió a acercarse a la casita hasta haber reducido su propio tamaño a unos veinte centÃmetros.