Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¡Estás buscando huevos! ¡Si lo sabré yo! ¡Y qué más me da a mà que seas una niña o una serpiente?
—¡Pues a mà sà me da! —se apresuró a declarar Alicia—. Y además da la casualidad de que no estoy buscando huevos. Y aunque estuviera buscando huevos, no querrÃa los tuyos: no me gustan crudos.
—Bueno, pues entonces, lárgate —gruño la Paloma, mientras se volvÃa a colocar en el nido.
Alicia se sumergió trabajosamente entre los árboles. El cuello se le enredaba entre las ramas y tenÃa que pararse a cada momento para liberarlo. Al cabo de un rato, recordó que todavÃa tenÃa los pedazos de seta, y puso cuidadosamente manos a la obra, mordisqueando primero uno y luego el otro, y creciendo unas veces y decreciendo otras, hasta que consiguió recuperar su estatura normal.
HacÃa tanto tiempo que no habÃa tenido un tamaño ni siquiera aproximado al suyo, que al principio se le hizo un poco extraño. Pero no le costó mucho acostumbrarse y empezó a hablar consigo misma como solÃa.
—¡Vaya, he realizado la mitad de mi plan! ¡Qué desconcertantes son estos cambios! ¡No puede estar una segura de lo que va a ser al minuto siguiente! Lo cierto es que he recobrado mi estatura normal. El próximo objetivo es entrar en aquel precioso jardÃn… Me pregunto cómo me las arreglaré para lograrlo.