Alicia en el País de las Maravillas

Alicia en el País de las Maravillas

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—Muy bien. Pues en tal caso —siguió su razonamiento el Gato—, ya sabes que los perros gruñen cuando están enfadados, y mueven la cola cuando están contentos. Pues bien, yo gruño cuando estoy contento, y muevo la cola cuando estoy enfadado. Por lo tanto, estoy loco.

—A eso yo le llamo ronronear, no gruñir —dijo Alicia.

—Llámalo como quieras —dijo el Gato—. ¿Vas a jugar hoy al croquet con la Reina?

—Me gustaría mucho —dijo Alicia—, pero por ahora no me han invitado.

—Allí nos volveremos a ver —aseguró el Gato, y se desvaneció.

Gato Cheshire desvaneciendose para sonreir

A Alicia esto no la sorprendió demasiado, tan acostumbrada estaba ya a que sucedieran cosas raras. Estaba todavía mirando hacia el lugar donde el Gato había estado, cuando éste reapareció de golpe.

—A propósito, ¿qué ha pasado con el bebé? —preguntó—. Me olvidaba de preguntarlo.

—Se convirtió en un cerdito —contestó Alicia sin inmutarse, como si el Gato hubiera vuelto de la forma más natural del mundo.

—Ya sabía que acabaría así —dijo el Gato, y desapareció de nuevo.


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