Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Alicia esperó un ratito, con la idea de que quizás aparecerÃa una vez más, pero no fue asÃ, y, pasados uno o dos minutos, la niña se puso en marcha hacia la dirección en que le habÃa dicho que vivÃa la Liebre de Marzo.
—Sombrereros ya he visto algunos —se dijo para s×. La Liebre de Marzo será mucho más interesante. Y además, como estamos en mayo, quizá ya no esté loca… o al menos quizá no esté tan loca como en marzo.
Mientras decÃa estas palabras, miró hacia arriba, y allà estaba el Gato una vez más, sentado en la rama de un árbol.
—¿Dijiste cerdito o cardito? —preguntó el Gato.
—Dije cerdito —contestó Alicia—. ¡Y a ver si dejas de andar apareciendo y desapareciendo tan de golpe! ¡Me da mareo!
—De acuerdo —dijo el Gato.
Y esta vez desapareció despacito, con mucha suavidad, empezando por la punta de la cola y terminando por la sonrisa, que permaneció un rato allÃ, cuando el resto del Gato ya habÃa desaparecido.
—¡Vaya! —se dijo Alicia—. He visto muchÃsimas veces un gato sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más rara que he visto en toda mi vida!