Alicia en el País de las Maravillas

Alicia en el País de las Maravillas

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Alicia miró con ansiedad a la cocinera, por ver si esta intentaba cumplir la orden; pero como la cocinera, ocupada en revolver la sopa, no parecía atender, Alicia prosiguió:

—Veinticuatro horas, creo; ¿o son doce? Yo…

—¡Ay, déjame en paz! —dijo la Duquesa—. ¡Nunca he podido soportar los números!

Y empezó a mecer de nuevo al niño, cantándole una especie de nana y sacudiéndolo con violencia al final de cada verso:

Al niño dale un buen palo,

y si estornuda, sé duro:

solo le gusta ser malo

y fastidioso, ¡seguro!

CORO

(al que se unieron la cocinera y el niño):

¡Uh! ¡Uh! ¡Uh!

La Duquesa siguió zarandeando violentamente al niño, mientras entonaba la segunda estrofa, y el pobrecito chillaba tanto que Alicia apenas pudo oír la letra con claridad:

Con dureza hablo a mi niño

y, si estornuda, le arreo,


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