Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas con gozo recibe, luego,
pimienta, como cariño.
CORO
¡Uh! ¡Uh! ¡Uh!
—¡Ven! ¡Puedes mecerlo un poco, si quieres! —dijo la Duquesa a Alicia, lanzándole al niño—. Tengo que ir a arreglarme para jugar al croquet con la Reina. —Y se marchó a toda prisa del cuarto. La Cocinera le arrojó una sartén, pero no le dio.
Alicia cogió al niño con dificultad, porque la criatura tenÃa una forma extraña y agitaba brazos y piernas en todas direcciones, «igual que una estrella de mar», pensó Alicia. Al cogerlo, el pobrecito resoplaba como una locomotora y se doblaba y retorcÃa de tal forma que, por uno o dos minutos, le resultó casi imposible sostenerlo.
Cuando encontró al fin el modo de mecerlo (que consistÃa en hacer de él una suerte de nudo, sujetando bien su oreja derecha y su pierna izquierda, para impedir que se desatara), lo sacó al aire libre. «Seguro que si no me llevo a este niño —pensó Alicia— me lo matan en un par de dÃas. ¡Dejarlo serÃa un crimen!» A estas últimas palabras, que pronunció en voz alta, respondió la criatura con un gruñido (por entonces ya habÃa dejado de estornudar).