Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Primero aparecieron diez soldados, enarbolando tréboles. TenÃan la misma forma que los tres jardineros, oblonga y plana, con las manos y los pies en las esquinas. Después seguÃan diez cortesanos, adornados enteramente con diamantes, y formados, como los soldados, de dos en dos. A continuación venÃan los infantes reales; eran también diez, y avanzaban saltando, cogidos de la mano de dos en dos, adornados con corazones. Después seguÃan los invitados, casi todos reyes y reinas, y entre ellos Alicia reconoció al Conejo Blanco: hablaba atropelladamente, muy nervioso, sonriendo sin ton ni son, y no advirtió la presencia de la niña. A continuación venÃa el Valet de Corazones, que llevaba la corona del Rey sobre un cojÃn de terciopelo carmesÃ. Y al final de este espléndido cortejo avanzaban el Rey y la Reina de Corazones.
Alicia estaba dudando si deberÃa o no echarse de bruces como los tres jardineros, pero no recordaba haber oÃdo nunca que tuviera uno que hacer algo asà cuando pasaba un desfile. «Y además», pensó, «¿de qué servirÃa un desfile, si todo el mundo tuviera que echarse de bruces, de modo que no pudiera ver nada?» Asà pues, se quedó quieta donde estaba, y esperó.
Cuando el cortejo llegó a la altura de Alicia, todos se detuvieron y la miraron, y la Reina preguntó severamente:
—¿Quién es ésta?