Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas La pregunta iba dirigida al Valet de Corazones, pero el Valet no hizo más que inclinarse y sonreÃr por toda respuesta.
—¡Idiota! —dijo la Reina, agitando la cabeza con impaciencia, y, volviéndose hacia Alicia, le preguntó—: ¿Cómo te llamas, niña?
—Me llamo Alicia, para servir a Su Majestad —contestó Alicia en un tono de lo más cortés, pero añadió para sus adentros: «Bueno, a fin de cuentas, no son más que un mazo de cartas. ¡No tengo por qué sentirme asustada!»
—¿Y quiénes son éstos? —siguió preguntando la Reina, mientras señalaba a los tres jardineros que yacÃan en torno al rosal.
Porque, claro, al estar de bruces sólo se les veÃa la parte de atrás, que era igual en todas las cartas de la baraja, y la Reina no podÃa saber si eran jardineros, o soldados, o cortesanos, o tres de sus propios hijos.
—¿Cómo voy a saberlo yo? —replicó Alicia, asombrada de su propia audacia—. ¡No es asunto mÃo!
La Reina se puso roja de furia, y, tras dirigirle una mirada fulminante y feroz, empezó a gritar:
—¡Que le corten la cabeza! ¡Que le corten…!
—¡TonterÃas! —exclamó Alicia, en voz muy alta y decidida.
Y la Reina se calló.