Fantasmagoría
Fantasmagoría Y luego tendré gusto en escuchar
las Cinco Sabias Reglas de Etiqueta
que acabas de citar».
«¡Gracias! Te las diré dentro de un rato.
¡Hoy sí que estoy de suerte!».
«¿Qué te puedo ofrecer?». Y le di un plato.
«Ya que eres tan amable, probaría
un poco de ese pato.
Sólo una loncha. Y, si no te es gravoso,
un poco más de salsa».
Sentéme y lo miré con pasmo ansioso,
pues en verdad jamás había visto
nada tan vaporoso.
Y su trémula y blanca silueta,
a la luz vacilante,
parecía aún más tenue y más discreta,
según se disponía a recitarme
sus «Reglas de Etiqueta».
