Fantasmagoría
Fantasmagoría en torres y castillos,
y horas he aullado como un alma en pena,
calado hasta los huesos por la lluvia,
encima de una almena.
Gruñir se considera ya anticuado
cuando a hablar empezamos.
Este es ahora el tono más llevado
—y aquí lanzó un chillido tan tremendo
que me dejó aterrado—.
Puede que en tu opinión de diletante
te parezca sencillo.
¡Intenta dar un grito semejante!
A mí cerca de un año me ha supuesto
de práctica constante.
Y, amigo, cuando aprendas a chillar
con un doble sollozo,
verás que otra vez tienes que empezar.
Intenta farfullar, si te es posible.
¡Eso sí que es penar!
Yo lo he intentado, y declararte puedo
que, aunque de noche y día
lo practicaras con total denuedo,
no siendo un genio, sólo lograrías
un pálido remedo.
En las obras de Shakespeare se citaban
espíritus antiguos
que “en las calles de Roma farfullaban”[8],