Fantasmagoría
Fantasmagoría ¿Cómo aguantar aún más a un insensato
que menos muestras da de discreción
que un ganso mentecato?
¡Tenerme atado aquí cual galeote,
en lugar de decirme
que no era ésta la casa! ¡Vaya un zote!
Anda, vete a la cama, no te quedes
ahí cual pasmarote».
«Es muy fácil hacerte el inocente
y echarme a mí la culpa.
¿Por qué no te informaste diligente
acerca de mi nombre cuando entraste?
—repliqué contundente—.
Entiendo te moleste como exceso
venir desde tan lejos,
pero ¿qué tengo yo que ver con eso?».
«Bueno, bueno —repuso—; ese argumento
no carece de peso.
Debo reconocer que me has brindado
muy buen vino y viandas.
Perdona si violento me he mostrado,
que lances como éste a uno lo dejan
un tanto desquiciado.
Mía es la culpa, y tienes tú razón.
¡Perdóname, chorlito!».
No me agradó en exceso la expresión,
mas la pasé por alto, al parecerme