Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¿Está lista ya la cena? —inquirió el barón, entrando con paso presto en la sala.
—En escasos minutos —repuso el vicerrector—. Entretanto, demos una vuelta por el jardÃn. Me estaba usted contando —prosiguió, mientras el trÃo salÃa del palacio— algo acerca de una gran batalla en la que usted se encontraba al mando de la infanterÃa…
—Cierto —asintió el barón—. El enemigo, como iba diciendo, nos superaba ampliamente en número, pero yo marché con mis hombres directamente al corazón de… ¿qué es eso? —exclamó el héroe bélico en tono agitado, colocándose detrás del vicerrector, cuando una extraña criatura se lanzó como loca hacia ellos, blandiendo una pala.
—Sólo es el jardinero —respondió el vicerrector en tono alentador—. Es totalmente inofensivo, se lo aseguro. ¡Escuche, está cantando! Es su pasatiempo favorito.
Y una vez más volvieron a oÃrse aquellas agudas notas discordantes:
Creyó ver bajar de un
bus a un empleado de banca;
mas luego advirtió que era
un hipopótamo: «¡Hala!
Si a cenar viniese —dijo—
¡no dejarÃa migaja!».