Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¿Con quién habláis entonces? —dijo—. Aquà no hay nadie, ¿sabéis?, excepto el otro profesor… ¡que tampoco está aquÃ! —agregó frenético, dando vueltas y vueltas sobre sà mismo como una perinola—. ¡Niños! ¡Ayudadme a buscarlo! ¡Rápido! ¡Se ha perdido otra vez!
Los niños se pusieron en pie al momento.
—¿Dónde buscamos? —preguntó Silvia.
—¡En cualquier parte! —gritó el nervioso profesor—. ¡Pero hacedlo deprisa! —Y empezó a moverse por la habitación apresuradamente, de un lado a otro, levantando las sillas y sacudiéndolas.
Bruno cogió un librito muy pequeño de la librerÃa, y lo abrió y sacudió imitando al profesor.
—Aquà no está —dijo.
—¡Ahà no puede estar, Bruno! —señaló Silvia con indignación.
—¡Pues claro que no! —contestó su hermano—. ¡Si estuviera aquÃ, se habdÃa caÃdo del libdo al sacudidlo!
—¿Ha llegado a perderse en alguna ocasión anterior? —inquirió Silvia, levantando una esquina de la alfombra frente a la chimenea y echando un vistazo debajo.
—Lo hizo una vez —explicó el profesor—: se perdió en un bosque…