Silvia y Bruno
Silvia y Bruno L’amie inconnue
Al tiempo que entrábamos en el salón del desayuno, el profesor decÃa: «… y ha desayunado por su cuenta, temprano: asà que rogó que no lo esperara, milady. Por aquÃ, milady —añadió—, ¡por aquÃ!». ¡Y entonces, con (a mi modo de ver) una cortesÃa que sobraba completamente, abrió de golpe la puerta de mi compartimento, e hizo pasar a «¡… una joven y encantadora dama! —musité para mis adentros con cierta amargura—. Y esta es, por supuesto, la escena inicial del primer volumen. Ella es la heroÃna. Y yo soy uno de esos personajes secundarios que únicamente hacen acto de presencia cuando el desarrollo de su destino lo requiere, y cuya última aparición se da en el exterior de la iglesia, ¡mientras esperan para felicitar a la feliz pareja!».
