Silvia y Bruno
Silvia y Bruno ¡que alguien que no para nunca quieto!
»Barbas —siguió la mariquita— las ostras presentan
—¡Cantad Lentejas, cantad Libélulas y Laguna!—:
yo las adoro, para empezar,
porque son poco dadas a hablar;
no sacarÃa palabra de las conchas que ostentan
¡ni aunque usted mismo pescara una!
»Ojos tienen las agujas —inició su remate.
—¡Cantad Patos, Cantad Pepinillos y Picaporte!—
que agudas son; cosa, justamente,
que no puedo decir de su mente;
conque márchese; ¡resulta un completo disparate
su pretensión de hacerme la corte!».
—Asà que se fue —agregó Bruno a modo de posdata, cuando la última nota de la canción se apagó—. Justo cual siempde hacÃa.
—¡Oh, mi querido Bruno! —exclamó Silvia, con las manos sobre los oÃdos—. No se dice «cual», sino «como».
A lo que Bruno replicó, evasivamente:
—Yo sólo digo «¿cómo?» cuando hablas muy bajito, para poded oÃdte.