Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡AsÃ! —anunció el anciano de manera chocante, para luego quitarle la bolsa y ponerse en pie emocionado por la explicación—. El borde de la abertura está formado por cuatro bordes de pañuelo, y uno puede seguirlo de manera continua, alrededor de toda la abertura: bajando por el borde derecho de un pañuelo, subiendo por el borde izquierdo del otro ¡y después bajando por el borde izquierdo del primero y subiendo por el borde derecho del segundo!
—¡Naturalmente! —murmuró pensativamente lady Muriel, con la cabeza apoyada en una mano, mientras observaba con gesto de concentración al anciano—. ¡Y eso resulta ser una sola abertura!
Su aspecto recordaba de un modo tan extraño al de una niña, confusa ante una lección difÃcil, y Mein Herr se comportaba, por el momento, de forma tan parecida al viejo profesor, que me invadió un total desconcierto; la sensación de «inquietud» era profundamente intensa en mÃ, y me sentà casi impelido a decir: «¿Lo entiendes, Silvia?». No obstante, logré guardar silencio con gran esfuerzo, y dejé que el sueño (si es que lo era, en realidad) se desarrollase hasta el final.