Silvia y Bruno

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—Son ovaladas, milord. En consecuencia, los carruajes suben y bajan.

—Sí, y balancean el carruaje adelante y atrás, ¿pero cómo consiguen que ruede?

—Porque no van a la par, milord. El extremo de una rueda se corresponde con el lateral de la rueda contraria. De modo que primero un costado del carruaje se eleva, y luego el otro. Y durante todo el proceso, no para de balancearse. ¡Ah, uno ha de ser un buen marinero para conducir nuestros carruajes-barco!

—No me resulta difícil creerlo —dijo el earl.

Mein Herr se levantó de su butaca.

—Debo irme ya, milady —anunció, consultando su reloj—. Tengo otro compromiso.

—¡Desearía que tuviésemos guardado algo de tiempo extra! —dijo lady Muriel, estrechando su mano—. ¡Entonces podríamos haberlo retenido aquí un poco más!

—En tal caso me quedaría con mucho gusto —contestó Mein Herr—. Pero así las cosas… ¡me temo que he de despedirme!

—¿Dónde lo conoció? —le pregunté a lady Muriel, una vez que Mein Herr se hubo marchado—. ¿Y dónde vive? ¿Y cuál es su verdadero nombre?


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