Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Pero el anciano parecÃa de más humor para preguntas que para respuestas.
—DÃgame una cosa —rogó, posando su mano de manera imponente sobre mi brazo—. Pues soy forastero en su tierra, y apenas sé de sus modos de educación, aunque algo me dice que estamos más adelantados que ustedes en el ciclo eterno del cambio, y que muchas de las teorÃas que hemos probado y encontrado ineficaces, ustedes también las probarán, con un entusiasmo más exacerbado, y también encontrarán el fracaso, ¡con una desesperación más amarga!
Fue extraño ver cómo, a medida que hablaba, y sus palabras fluÃan de forma cada vez más libre, con una cierta elocuencia rÃtmica, sus facciones parecÃan resplandecer con una luz interior, y todo su cuerpo dio la impresión de transformarse, como si hubiera rejuvenecido cincuenta años en un instante.