Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Hermano, ¿podría tener una charla contigo en mi estudio? —dijo el rector elevando el tono. El subrector se levantó con presteza, y ambos abandonaron juntos el salón.
Milady se giró hacia el profesor, el cual había destapado la tetera, y se encontraba tomándole la temperatura con su termómetro de bolsillo.
—¡Profesor! —saltó, de forma tan brusca y ruidosa que incluso Uggug, que se había dormido en su asiento, paró de roncar y abrió un ojo. El profesor se guardó el termómetro en el bolsillo en un momento, juntó las manos y ladeó la cabeza con una sonrisa dócil.
—Creo que antes del desayuno ha estado usted impartiendo unas lecciones a mi hijo, ¿no es cierto? —comentó milady con altanería—. Espero que su talento le haya impactado.
—¡Oh, muchísimo, milady, sin duda! —respondió a toda prisa el profesor, frotándose de forma inconsciente la oreja, mientras algún recuerdo doloroso parecía estar pasándole por la cabeza—. Su magnificencia me produjo un fuerte impacto, ¡se lo aseguro!
—¡Es un chiquillo encantador! —exclamó milady—. ¡Incluso sus ronquidos resultan más musicales que los de los demás muchachos!