El Primer loco
El Primer loco Hasta ignoro la hora y el dÃa en que empecé a hacerla cómplice de mis iniquidades, porque el estado de sobreexcitación en que me encontraba era de esos que no nos permiten recordar los casi irreflexivos actos a que se entrega el hombre a quien las furias infernales tocaron con sus manos. Como aquellos a quienes la embriaguez producida por la cerveza sume en un estado de sombrÃa exaltación, poseÃame de continuo secreta saña contra todo ser viviente, siendo aquella en quien me vengaba con mayor crueldad de mis no interrumpidas decepciones la pobre y enamorada niña que, recordándome a Berenice, enconaba mis heridas tornándome duro, extravagante y brutal con ella.
—¡Eso es inaudito! —exclamó Pedro.