Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha —Hermano —le dijo uno de ellos a Sancho—, sobre este dÃa no tiene jurisdicción el hambre. Apeaos, mirad si hay ahà un cucharón, espumad de la olla una gallina o dos, y buen provecho os haga.
Entre tanto, estaba don Quijote mirando cómo llegaban los labradores sobre yeguas con vistosos jaeces de campo, todos vestidos de fiesta, y gritaban:
—¡Vivan Camacho y Quiteria, él tan rico como ella hermosa, y ella la más hermosa del mundo!
—Bien parece —dijo don Quijote para s× que éstos no han visto a mi Dulcinea del Toboso.
Luego comenzaron a entrar por diversas partes muchas y diferentes danzas de mozas, con guirnaldas compuestas de jazmines, rosas, amaranto y madreselva. Entonces se oyeron grandes voces, y las causaban los que salÃan a recibir a los novios, que venÃan acompañados del cura y de la parentela, todos vestidos de fiesta. Y como Sancho vio a la novia, dijo:
—A fe que no viene vestida de labradora, sino de palaciega.
VenÃa la hermosa Quiteria algo descolorida, y debÃa de ser de la mala noche que siempre pasan las novias en componerse para la boda. En esto se oyó una gran voz a sus espaldas, que decÃa:
—Esperaos un poco, gente tan inconsiderada como presurosa.